20 de febrero de 2016

Infiel

No entiendo la vida. Creo que dejé de comprenderlo todo el día que te conocí. Me cegaste, me embrujaste, me hiciste dejarlo todo por ti. Y ahora duermes con él, sin saber que me mata, o tal vez sabiéndolo. Duermes cada noche, te vas al cuarto y yo te escucho mientras disfrutas con alguien que no soy yo, mientras te das a él, mientras vas menguando lentamente mis ganas de seguir aquí, mis ganas de marcharme, mis ganas de vivir. Duermes y yo me quedo ahí, sentada en el sofá, mirando los reflejos de la televisión, mirando por la ventana, escuchando música para no escucharte con él. Y aun así no dejo de oirte, no dejo de verte, de imaginarte. Sigo sintiendo ese dolor agudo que se queda en mi estómago, que no me deja dormir, que no me deja seguir adelante y mandar esto a paseo. Te quiero y tú lo sabes bien, por eso sigues haciéndolo, porque sabes que no voy a dejarte, pese a todo, pese a tu infidelidad contínua delante de mí. Pensé que eras alguien leal, lo prometo, confiaba en ti casi más que en mí misma. Y ahora no sé qué hacer, no puedo respirar. Cojo una cuchilla y corto mi brazo izquierdo, lento, sintiendo el dolor con cada corte, sintiendo la sangre recorrer mi piel herida, sintiendo sin sentir ya. Pido gramo y medio y sigo, sigo y sigo, hasta que consigo dormir. Hasta que las fuerzas me superan, me dejan. Buscando cualquier salida de emergencia para huir de ti, de él, de los dos. Fumo y tras cada calada un suspiro me delata, un suspiro de esos que hablan de desamor, de nostalgias, de melancolía, de amor perdido. El cigarro va consumiendo mis pulmones y yo me quedo aquí, pensando en ti como un idiota enamorado.

19 de noviembre de 2015

Volvió

Volvió el amor a mi vida, y lo hizo por la puerta grande, haciendo que olvidase aquellos ojos que no me dejaban ver la luz del sol, haciendo que la niebla se disipara entre las nubes y poder así ver las estrellas. Volvió el amor, y la soledad desapareció, y el ruido se transformó en melodías de ayer y de hoy, y esa cantante ya no me hace soñar como antes, ahora hay nuevas canciones en mi vida, ahora está su risa y su mirada que me grita que la quiera. Porque si yo os contase cómo es ella, como son sus detalles, sus rincones, sus recovecos... Si yo os contase cómo es ella la amaríais tanto como lo hago yo, desearíais estar a su lado y quererla, protegerla, cuidarla. Ahora todo es de colores, el gris terminó yéndose por donde un día vino, y ahora vivo atrapada en el azul, en el color verdoso de sus ojos cuando el sol la ilumina, envidioso de vernos querernos tanto. Ahora ella es mi ilusión, mi alegría, mis ganas de vivir. Ahora somos tres, y nuestros planes siempre le incluyen a él, a la sangre de su sangre, a la vida de su vida, a Ethan, él siempre fue una estrella que no podía brillar. Se sentía demasiado triste como para dejar a todos cegados con su luz, pero un día cambió todo, y brilló como nunca lo había hecho, y ahora es la mejor compañía, el mejor color, lo más bonito que me ha regalado la vida, a él y a ella, mis dos pilares, mis momentos felices, el amor de mi vida...

16 de junio de 2015

Me siento bien, por fin, aunque a menudo recuerdo lo que fui y siento nostalgia, siento como un pinchazo para volver a las andadas, aunque sé que ya no puede ser, que la vida está para vivirla, que tengo que recuperar las ilusiones y dejarme de tonterías, pero tengo miedo a que algo salga mal y vuelva a caer en eso, en hacerme daño, en sacar de mi cuerpo cada comida, cada bebida. Ella me ha devuelto las creencias que necesitaba, y me ha recordad que puedo, que soy capaz, que hay que echarle valor, que aun nos quedan muchas cosas por hacer. Cuando estamos juntas me olvido de todo, me hace sentirme de nuevo una persona normal. Vamos a hacer la compra, o a mirar películas en el videoclub de la calle mayor.

12 de mayo de 2015

Noche en vela

No consigo dormir. Dicen que cuando tienes que, cuando tienes el corazón roto, solamente el llanto puede curar las heridas. El problema es que no puedo pensar en ella sin sentirme mal, sin llorar, sin sentir una rabia tremenda al sentirme tan engañada. Cuando comprendes que fuiste una más entre la multitud, que pasaste desapercibida por su vida y ni siquiera fuiste capaz de dejar huella. Aunque lo haya dado todo, aunque le entregara mi corazón en bandeja... pero cuando no te quieren has de aceptarlo. Acepto pues que nunca me has querido, que todo fue una mentira con no sé exactamente que fin, pero mentira al fin y al cabo. Me siento traicionada, me siento una auténtica gilipollas que simplemente pasó una vez por tu casa y se quedó unos días, una temporada en la que creí ser feliz, en la que viví engañada mientras fingias quererme. No pasa nada, olvidaré los momentos que compartimos, y me quedaré vegetando en un sofá hasta que todo termine. Ya no me quedan razones por las que seguir luchando, estoy cansada, y triste, y decepcionada. Supongo que soy dura, tal vez sea la falta de sueño, o el sentirme como una mierda sabiendo que tú, mientras tanto, ya te has olvidado de lo vivido, has pasado página dos o tres veces, y yo aquí, escribiendo cartas que nunca enviaré porque ni siquiera quiero que te sientas mal, o triste. Pero tenía que soltarlo, que plasmarlo, que quitármelo de dentro y llorarte. Y lo peor, es que te he echado de menos cada día, y ahora solo queda un abismo que alcanzar, que estoy alcanzando poco a poco.

26 de abril de 2015

El reloj se detiene

A veces nos enamoramos de personas equivocadas. Cometemos el error de entregarnos por completo a alguien que solamente está dispuesta a dar una parte de sí misma. No creo en el amor a medias, me gusta que correspondan de algún modo lo que siento. Me enamoré de alguien que no se enamoró de mí, y le di mi mejor versión, y volví de nuevo a creer que podía querer, que me podían querer. Después las decepciones van llegando, y comprendes que las personas no siempre buscan lo mismo que tú, no siempre miramos en la misma dirección. Por si algún día te da por volver, si te da por recordar esos momentos en que fuiste feliz conmigo, te digo que me has perdido, que posiblemente no descarte el besarte de nuevo, pero la magia se ha esfumado, ya no me veo en tus ojos, ya no te veo como te miraba hace unos meses. Ya no entrego todo por buscarte, de hecho ni siquiera te busco ya, porque a llegado el momento de pasar de página, de borrar tus huellas, de caer en este abismo de pensarte noche y día. Ya no te pienso, ya no te siento como te sentía, ya no estoy enamorada de ti. Supongo que suena duro, que incluso puede llegar a herir. Pero no puedo estancarme en alguien que no se da, alguien que no se arriesga, que no apuesta por mí. Fue la historia más bonita que he vivido, aunque posiblemente me estén esperando otras mejores, otros labios impacientes que me busquen una noche cualquiera, otros brazos en los que refugiarme del frío, otros ojos en los que pueda verme y sentir que me ve. Ya no me miras como antes, detecto compasión en tus gestos, como queriendo agradecer lo que te di. Volvería a hacerlo, volvería a vivir cada minuto que pasé contigo, sin embargo el reloj se ha quedado quieto, y ahora ya no cuenta las horas que faltan para verte de nuevo, ya no espera, ya no se acelera al pensarte, ya no queda tiempo. Me perdiste en el momento en que no apostaste, en ese instante en que decidiste apartar las caricias que te regalaba. Y ahora tengo que seguir luchando con este maltrecho corazón que aún te conserva. Tengo que sacarte, tengo que seguir. Porque tú ya lo haces, tú, sin darte cuenta, o dándote demasiada, ya no me encuentras entre tus cosas, ni siquiera me piensas ya como esa persona que te hacía reír alguna que otra tarde. Y tal vez, sólo tal vez, algún día, cuando pruebes otras bocas y otros brazos te recuesten te acuerdes de mí, y entonces, será tarde y ya no escribiré por ti, no lloraré por ti, no reiré por ti. Puede que siempre seamos algo más, puede también que la nostalgia me invada cuando nos encontremos de nuevo, pero no cederé otra vez, no entregaré ese todo que una vez te di, he crecido, me he caido, y ahora me levanto con fuerzas para sacarte de ahí, para no querer a quien no me quiso. Serás esa espina que creció entre las rosas que te compré un catorce de febrero, serás ese recuerdo agridulce que me haga derramar una lágrima, serás lo que no pudo ser, serás tú, y ya no habrá un nosotras.

22 de abril de 2015

¿Dónde se fue todo lo que teníamos por hacer? ¿Dónde dejaste aquellos besos que no te di? ¿Dónde quedo yo ahora? ¿Dónde quedas tú? Y ese nosotras que nunca fue del todo... Me ahogo en este lugar, no quiero descubrir nuevas ciudades y saber que no estarás, no quiero conocer gente y que no seas tú. No quiero fingir que todo marcha bien cuando estoy podrida por dentro de tantas lágrimas, de tantas mentiras, de tanto ruido. Qué pasa si quiero marcharme y dejar que todo pase, que la gente vuelva a recuperar la ilusión, que yo descanse, que los gastos mengüen, que las peleas dejen de ser. Qué pasa si estoy muerta ya. Por favor, no me odiéis, vosotros habéis alegrado cada día que he estado aquí. Sois lo más bonito de mi vida, sois lo que me ha hecho no rendirme antes. Pero ahora no soporto el dolor, no puedo controlarme, controlarlo, callarlo.

20 de abril de 2015

Noche de estrellas

Los perros juegan. Suben al sofá y bajan corriendo, uno detrás de otro. Leo me mira y sonrío. Una sonrisa sincera, la primera del día. Gritos y golpes me dan la bienvenida a este hogar que no es mío, no sé si pertenece a alguien ya. Y me acuerdo de ti, tío, de tus charlas, las nuestras, de las risas infantiles cuando me hacías fotos sin parar. Y pienso en las ganas que tengo de volver a verte, a ti, al abuelo, a la abuela. A veces me pregunto qué habría pasado si en esa UCI mi vago corazón se hubiera detenido. Tal vez ya no doliese el aire, la brisa, las palabras, las dudas, los besos robados, los alambres de espino que me cubren, los cortes, los ruidos, la autodestrucción. Me pregunto si todo terminaría en ese instante para mí. Supongo que soy una egoísta al pensar que mi vida no vale nada, que todo sería mejor si no estuviera, si mi tiempo terminase ya. Veo a mis padres, les veo tristes y sufriendo, les veo reprimir las lágrimas, finjir tantas sonrisas como yo. Y luego me miro y siento que no escuchan nada, que no entienden una palabra de lo que les digo, que les duelo, que me duelen. Y corroboro que siento que estorbo, que no hago falta, que soy totalmente reemplazable por cualquier autómata que pase por la calle. Las cosas cambiarán, todo irá bien, tú vales mucho. Típicas frases que todos hemos dicho alguna vez para animar a un amigo y que no nos creemos ni de broma. En el fondo no hacemos ni puto caso de los consejos, a veces ni nos detenemos a escucharlos, oimos mientras creen que los estamos entendiendo. Pero después suena el despertador, te levantas y el sol te ciega, al rascarte los ojos tratas de quitar la neblina que ahora ves. Vas a la cocina y preparas la cafetera, cafeína para olvidar, para activarnos, para salir y afrontar el día. Y otra vez la misma gente, las mismas voces hablando sin decir nada, los mismos coches, la misma vida, tan deprimente como el día anterior. Y te pones la máscara que pinta una sonrisa, y finjes que nada te puede dañar, que estás feliz como nunca antes, que todo saldrá bien porque vales mucho. Lo que muchos no saben, es que detrás de esa sonrisa, yo ya estoy muerta.