15 de septiembre de 2008

Es tu recuerdo el que me mantiene viva...


Clara era una adolescente como todas las demás frente a la gente de su entorno, lo que esa gente no sabía era que en realidad, no era la chica que todos veían, había algo en ella que la distinguía de las demás...
Ella amaba escribir, le ayudaba a evadirse de los problemas y le hacía compañía cuando estaba sola, que, por desgracia, era la mayor parte del tiempo...
Iba al instituto, como los demás, pero tras salir de él, se aislaba en su pequeña jaula y se dedicaba a escribir y a pensar, reflexionaba sobre todo lo que le pasaba, se sentía extraña, vacía, no tenía ninguna ilusión, ningún deseo, o tal vez si tenía un deseo, lograr conseguir algún día superar la soledad... Pero no sabía si en realidad eso era lo que quería, ya que si ella estaba sola, era porque así lo había decidido, ya que tenía a sus amigas y también a su familia; pero ella prefería quedarse en casa en lugar de ir con ellas, prefería escribir pensamientos y llorar en el rincón más oscuro de su corazón...
Era un día aparentemente como todos los demás, Clara se disponía a ir al instituto, como siempre, recogía a sus amigas y se iban todas juntas. Cuando acabó el día, se marchó a casa y vencida por el sueño, se quedó dormida sobre el teclado del ordenador donde plasmaba todo lo que le rondaba por la cabeza...
Aquella noche tuvo un sueño, aparecía ella con unos cuantos años más, sola en una casa apartada de toda vida, de todo ser viviente, de repente, apareció una persona de la nada, la llamó y comenzó a mostrarle lo que sería de su vida si continuaba con esa actitud. Clara pudo observar como amigos y familiares la iban poco a poco abandonando, hartos de su pasotismo, entonces comprendió lo caro que se pagan a veces algunos errores del pasado...
Desde entonces fue como si una extraña maldición se hubiese apoderado de ella, la gente no le hacía caso, todos la odiaban. Estaba sola...

Su alma hasta hace poco descansaba entre fúnebres losas, exiliada de toda vida, vacía de ilusión, hundida en la soledad, en la monotonía que la acompañaba allá donde iba; Clara no sabía que su vida todavía tenía sentido, no sabía lo que allí fuera le esperaba, un mundo nuevo por descubrir, mil aventuras por vivir, ilusiones por cumplir...
Cada minuto que pasaba era un nuevo muro que le impedía ver la realidad; soñó con un mundo de fantasía y vivió en él día tras día, temiendo el momento en que tendría que despertar... ese sería el fin.
A la mañana siguiente descubrió algo que la llenó de alegria, de nuevas ilusiones, de repente, Clara abrió los ojos para ver el mundo que fuera le aguardaba, todo el tiempo de soledad por fin terminó y comprendió entonces que la vida era algo más que las cuatro paredes de su habitación, que ahí fuera le esperaba un gran reto, superar esa soledad que la abrumaba y lo mejor, no estaría sola para afrontarlo, ya que disponía de sus amigas para hacerlo. Cuando se dió cuenta del tiempo que había perdido, se odió a sí misma por ello y decidió no volver a hacerlo nunca, a partir de ese momento, Clara comenzó a vivir, a compartir con sus amigas todos los instantes de su vida, se sentía por fin esa persona que siempre había soñado...
Se alegró al darse cuenta de que ahí fuera había un mundo digno de ser mirado, algo digno de ser vivido... Entonces comprendió que había estado huyendo.

Sólo se le conocía un gran amor, más que un amor, fue el gran error de su vida; se enamoró perdidamente de un adolescente poco mayor que ella. Clara temblaba cada vez que oía su nombre, fue tal su obsesión, que producía escalofríos oírla hablar de él.
Pero pese al amor que ella sentía, nunca fue correspondida; soñó cada noche con una vida junto a él, con hacerle feliz y sacarle de esa vida de tristeza que él antes tenía...
Y nuevamente se sentía sola, se contemplaba en el espejo y se preguntaba ¿Dónde esta mi vida? Buscaba a aquella chica que una vez amo, que una vez fue feliz, y en sus ojos solo se veía la amargura que él dejó en su interior. Clara quisiera confesarle que, a pesar del tiempo y de la distancia, su corazón se aceleraba cuando escuchaba su nombre, sus ojos se nublaban al pensar que podía encontrarle en alguna esquina, caminando por allí. Y quisiera saber si se acuerda de ella, si alguna vez se detuvo a pensar en los momentos que pasaron juntos, y que nunca iba a olvidar. Había pasado tanto tiempo, que a veces su rostro se borraba, su sonrisa se desvanecía y su voz se esfumaba, y su alma trataba en vano de retenerle, se esforzó en recordarle, por eso es su recuerdo el que la mantiene viva.
Y esta es la historia de mi vida....
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