2 de noviembre de 2008

La lluvia cae despacio sobre el cristal...


“Ahora que te encuentro, veo que aún arde la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde para nacer de nuevo, para amarte...”

“Debo decirte algo, mirarte a los ojos y tal vez recordarte que antes de rendirnos, fuimos eternos…”

Desde pequeña soñaba con ser princesa, una princesa a la que le encantaba cantar y la música…mientras, él quería ser un gran compositor y músico…juntos tocaban y cantaban canciones de amor…Pasó el tiempo, y cuando los dos crecieron esas canciones se convirtieron en besos, besos de amor entre la princesa y su músico…

Su historia de amor comenzó en su infancia, que ambos recuerdan con una sonrisa, al verse tan niños y queriéndose tanto como se querían…y lo más grande de todo, ese sentimiento aún perdura en sus corazones…

Ella se llamaba Irene, él, Luis…y juntos hicieron de un pequeño sueño de amor infantil, una realidad preciosa…

Vivían en la misma finca de pisos de un apartado pueblecito a las afueras de Valencia…muy cerca de la playa y el muelle, donde les encantaba ir a pasear descalzos mirando al mar…

Desde pequeños jugaban y reían juntos, iban al mismo colegio y a la misma clase…estaban destinados a estar siempre el uno al lado del otro…y así fue, con el tiempo, ese amor infantil se hizo más y más grande, y se enamoraron perdidamente el uno del otro…

Vivieron una historia de amor intensa, desmesurada…se querían sin descanso, se lo daban todo…

Todo iba viento en popa…hasta que una fría tarde de invierno algo deshizo esa felicidad transformándola en dolor y llanto…

Irene cayó enferma, los médicos le habían dicho que le quedaban pocos meses de vida… a menos que se encontrase un donante de médula…

- Dime que me quieres….Espera, no digas nada…Te quiero

- Entonces lucharemos, y podrás, podremos, juntos

- Dime que todo va a ir bien

- Tranquila princesa, todo irá bien

Luis buscó desesperadamente alguien que les ayudara…las semanas fueron pasando y el miedo se hacía cada vez mayor…el tiempo se agotaba…

Él estaba sentado a su lado, disimuladamente y como si de un juego se tratase acercó su mano a la suya y la cogió con dulzura…”todo irá bien” susurró en su oído…

El nerviosismo se palpaba en el ambiente, tenía miedo de lo que pudiese pasar, pero tenerle a su lado la tranquilizaba…

La lluvia empapaba sus cuerpos desnudos…se dieron todo lo que tenían el uno al otro sin importarles el mañana…sabían que el tiempo se estaba agotando…

La noche era fría, durmieron abrazados en aquel pequeño hostal de carretera…

Sabían que su historia estaba llegando a su fin, pero querían vivir intensamente lo que quedaba de ella…

Aquella noche fue extraña…Irene estaba muy débil, las palabras no le salían, le faltaba el aliento…

- Hazme creer, aunque mientas, que esta noche no es tan rara, que no es tan triste…Provócame una sonrisa- Susurró con un último esfuerzo

- ¿Sabes? Anoche soñé contigo, estábamos en nuestra playa, tumbados en la arena, cerca del muelle, comiéndonos a besos, y el tiempo estaba detenido, sólo existíamos nosotros…y todo era perfecto…

Ella sonrió amargamente, y mirándole fijamente a los ojos habló con un último aliento:

- ¿Por qué yo?

- Porque tú eres diferente, eres mi princesa

Irene volvió a sonreír, su mano estaba entrelazada con la mano de Luís, ambos sonreían y lloraban, sabían que el tiempo se había acabado…

- Te quiero princesa, te querré siempre

- ¿Sabes? Me encanta que me digas que me quieres

- Te lo diré todos los días, a todas horas, te quiero, te quiero…

Entonces Irene cerró sus ojos, para no abrirlos nunca más…sus manos dejaron de apretarse…El rostro de Luis se llenó de lágrimas…

Cuatro años han pasado ya desde aquella noche, y aún hoy, Luis va a visitar a Irene y le dice que la quiere todos los días, tal y como le prometió…”Te echaré tanto de menos, cerraré fuerte los ojos hasta verte, sólo tengo que esperar” susurró llorando. Siempre te querré.


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