29 de enero de 2009

Dejándome llevar...



"¿Cual es el destino de mi corazón? ¿Cuándo llegue al mismo después donde voy? Si no soy de nadie, soy de donde estoy, y de quien duerma conmigo la noche de hoy..."

En aquel pequeño bosque perdido, envuelta por el negro manto de la taciturna noche que va desapareciendo a lo lejos, allá donde el mar y el cielo parecen fundirse en una sola materia visible…

Allí, yazco adormecida, mecida por un frío intenso que altera mis sentidos, volviéndome loca por un instante…allí…

Perezco y me consumo, como ese cigarro que en mi boca yace encendido, consumiéndose lentamente, volviéndose ceniza, volviéndose humo…

Apago mi cigarro en una pequeña piedra, por un momento me siento tan insignificante como ellas, tan incomprendida como ellas…

Quizá esta maldita pesadilla termine pronto, pero no veo el fin nunca…. Necesito respuestas, necesito sentir, volver a sentir…

El invierno más largo que recuerdo, también el más triste…

El mar y mis ojos saben igual en estos momentos, acompasadas, las olas y mis lágrimas caen como las gotas de rocío en las mañanas frías al salir veloz el sol de su escondite hecho de nubes blanquecinas…

Pasar las horas, eso es lo que quiero, que pasen las horas, que se agote el tiempo, que el reloj se pare en ese instante en que mi corazón deje de hacerlo, y que todo termine…

Ruidos provocados por la negra tormenta que se avecina provocan un escalofrío en mi interior, recordándome por un instante que sigo viva…

Mi corazón adardeado por tus palabras que todavía resuenan en mis oídos cuan gritos amargos de dolor…

Esta jauría de constantes sentimientos, de pensamientos varios, de dolores profundos… este cúmulo de situaciones está terminando conmigo, y todo tiene un límite…

El mismo límite que distingue el dolor de la alegría, la risa del llanto, la calma de la tempestad, la muerte de la vida…

Apagando lentamente las luces que iluminan mi cuarto ahora oscuro y tenebroso, cierro mis ojos tratando de conciliar el sueño, voy quedándome sin fuerzas mientras las lágrimas vuelven a apoderarse de mí…

¿Por qué ha tenido que pasar esto? ¿Qué he hecho yo? ¿Realmente merezco todo esto que me está pasando? Sí, supongo que lo merezco…

Ahora aprieto entre el puño este afilado alambre, dejándo que la sangre recorra suavemente mis manos, dejándome llevar...
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