26 de enero de 2009

Las mejores cosas son las que se dicen al oído...



"Yo te hablé de amor y me llevaste al cielo..."

Te humillas ante mis ojos, sucumbiendo a mis caricias… con miradas desnudo tu cuerpo envuelto en un frío y a la vez cálido sudor…

Juntos al compás laten nuestros corazones, danzando al son de una lluvia de besos, de un concierto de caricias…

Fundimos nuestros cuerpos, también nuestras miradas, hasta que el ojo humano es incapaz de percibir quién es quién…

Fumamos juntos un cigarro, compartiendo entre humo y sudor su sabor agridulce… saboreamos el fruto prohibido que se esconde en esta pasión furtiva que se siente cuando no se puede dar rienda suelta a todo aquello que ambos sentimos al cruzar por un instante nuestras miradas…

Avivas mi fuego, enciendes mi deseo, este amor prohibido quema uno a uno nuestros problemas, solo existe este momento, todo lo demás ya ha pasado…

Tu cuerpo amenaza tormenta, mi cuerpo refugiará tu alma desnuda ante mis ojos para florecer ese sentimiento guardado durante tanto tiempo…

Siento la lujuria en tu mirada penetrante ante mi cuerpo semidesnudo, clavando mis ojos en los tuyos te entrego todo cuanto poseo…

Las estrellas, envidiosas de este ferviente deseo que compartimos, iluminan con su luz toda la habitación, dejando al descubierto cuerpos infinitos que se aman en silencio…

Adardeando tu cuerpo con besos encendidos, quemo nuestro amor rindiéndome a tu cuerpo, a tu corazón, a tu vida…

Irrefrenable deseo me ata a ti sin permitirme siquiera respirar… me alimento de tus caricias, bebo de tus labios sedientos de mi cuerpo…

Abrazando nuestra vida, rodeando con mis brazos todo cuanto posees… llenando de la luz de tus ojos todo aquello que antes era oscuro…

Creyendo a ciegas todo lo que me dices, confiando plenamente en tus manos, me dejo llevar, sabiendo, que tú eres para mi, y que yo soy para ti…

Compartiendo en la oscuridad de la noche nuestros secretos más ocultos en esa taciturna habitación…

Una leve herida sangra entre nosotros… no quedará un lamento para nosotros en este momento, no somos dos, somos uno…

Tu cuerpo es mi lecho, en él caigo cuan guerrero tras ser derrotado ante el temible enemigo… mi pecho es tu almohada, en la que te recuestas adormecido, mientras recorres con la yema de tus dedos mi espalda impregnada de tu olor…

Sueño contigo, con esta noche de furtiva pasión que toca su fin…el sol amenaza nuestros cuerpos con su cegadora luz, es hora de despertar…

¿Qué quieres de mí? A ti… te quiero a ti…. Recorrer cada centímetro de tu cuerpo con mis labios sedientos de tu amor… poseer todo cuanto posees, ser todo cuanto eres… fundir mi alma con la tuya, ser un solo corazón, latiendo al unísono, sintiendo como la sangre bombea nuestros temblorosos cuerpos…

Susurras algo acercando tus labios impacientes a mi oreja… sonrío tímidamente…y es que las mejores cosas, son las que se dicen al oído…
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