2 de febrero de 2009

¿Dónde estarás esta noche?



Oigo en la lejanía un susurro del viento que me grita que no volverás, que quizás nunca estuviste aquí…

Ahora me cuesta distinguir si esto es una realidad o uno de esos sueños en los que tu ausencia era mi única compañía…

Siempre fuimos almas gemelas, corazones acompasados que se escuchaban en el silencio, cuando el ruido dormía entre las ramas de aquel olivo que sombreaba nuestros cuerpos yacentes en una hierba pálida que se tornaba grisácea al contrastar con el inmenso sol que nos cegaba con sus rayos estridentes…

Escuchando y tatareando canciones de Marea mientras sonreíamos y reíamos ajenos a ese mundo de ruidos, humos y desolación… Cantando a gritos, reflejándonos el uno en el otro sin que nada importase, sintiendo un profundo estupor cuando el reloj, que nunca se detenía, marcaba la hora de la furtiva separación de estas almas que por aquel entonces no se hallaban la una sin la otra…

Volver a la rutina de las clases entonces no era un problema, era el ansia de volver a ver tu sonrisa al verme aparecer por la puerta y sentarme a tu lado para dibujar juntos un mundo por el que poder escapar, tú de tus problemas, yo de mis pensamientos…

El mundo, ajeno a ese amor que nuestros corazones abarcaban el uno por el otro, seguía girando mientras nosotros, sin ley ni rutina que frenase nuestros sentimientos, trepábamos por los tejados como un gato taciturno y cansado que busca un rincón donde dormitar…

Tus ojos marrones irradiaban una mezcla de tristeza y felicidad, por un momento volvimos a ser dos, tu con tus problemas, yo con mis pensamientos… entonces las luces que iluminan la periferia de esta pequeña ciudad, apuntaron un camino que seguimos para reencontrarnos de nuevo con esos niños indefensos que no temen a nada, que lo añoran todo…

Tu sonrisa se grabó a fuego en mi interior, y ahora comprendo que por mucho tiempo que pase, siempre seguirás ahí, en ese rincón de mi corazón en el que habitan los recuerdos imposibles de borrar, fuiste el gran amor, el gran error, y la mayor felicidad de mi vida…

Vivo alimentándome de esas palabras que me dedicabas, de esos silencios incómodos que dejábamos huérfanos con nuestras risas… Tu recuerdo me mantiene viva, me aísla del dolor intenso que recubre mi cuerpo cada noche…

Trato de sosegarme y borrarte de mi mente, pasar página de este libro interminable que parece no querer marcharse de mis pensamientos, por un instante tu imagen se torna borrosa y parece desvanecerse, pero entonces tu voz comienza a resonar en mis oídos como un brusco ruido que me trastorna por momentos…

Aún me tiemblan las piernas al recordar la primera vez que dejaste al infinito huérfano de tus ojos para mirar fijamente a los míos y como, a partir de ese instante, nunca más pude borrar esos luceros tristes que cautivaron y estremecieron mi cuerpo, provocándome escalofríos…

Aquel día me enamoré de ti, un absoluto desconocido, risueño a la par de siniestro, un chico tímido, dulce, triste, nostálgico… un chico tan parecido a mí que incluso me hizo pensar que quizá fuese mi vida en otra vida…

Aquel momento no se borra de mi mente, tú te acercaste, con un cigarro entre tus labios que me ofreciste amablemente y que acepté sin dejar de mirar tus ojos… A partir de entonces nuestra amistad no quiso hacerse esperar, aunque en mi interior florecía un amor infinito imposible de desarraigar de mis entrañas…

Me llamabas y te llamaba, te soñaba despierta mientras me contabas cómo empeoraban poco a poco tus problemas, nos confiábamos nuestras vidas por fascículos, aprovechando cualquier minuto de intimidad…

Recuerdo que me encantaba hablar contigo y a ti conmigo, éramos amigos, los mejores amigos, tú nunca hablabas con nadie, al igual que yo, pero sentiste que conmigo todo era distinto, que éramos almas gemelas, dispuestas a escuchar sin miedos, sin reproches, sin preguntas, solo escuchar…

Nunca pedí nada, simplemente te lo di todo, sin importarme si alguna vez harías tú eso por mi, te quise como nunca podré querer a nadie, te quiero, como nunca nadie podrá quererte nunca…

Nuestros corazones, retenidos mientras el mundo dormitaba en sus burbujas, palpitaban temblorosos dejándose llevar a un estado de letargo que a veces me provocaba un miedo interior…

Este imperfecto amor que nos unía era tan extraño como hermoso, tan gélido a veces y tan intenso otras… era una antítesis permanente, que aturdía mi ser haciéndome dudar, pero esas dudas se disipaban mientras escuchaba todo aquello que no me decías, pero mirando tus ojos las palabras pasaban a un discreto segundo plano…

Erizabas mi bello, estremecías mis sentidos, alterabas mis pensamientos, te colabas en mis sueños, en mis despertares, en mis anocheceres, te hiciste imprescindible para mí…

Quizás sea cierto eso que dicen por ahí de que fuiste mi gran error y no merecías la pena, pero te aseguro, que todos y cada uno de los instantes que compartiste conmigo, todas las canciones, todas las conversaciones, todos los abrazos, todas las miradas…todo, ha merecido la pena…

Hace pocos días que me di cuenta de que siempre fuimos personas distintas con una unión estrecha que hacía que nos costase estar separados… ahora comprendo que, desde que te fuiste, algo en mi cuerpo se fue contigo, no de ese cuerpo físico, latente, sino de mi interior apacible que aún aguarda en silencio que le devuelvas el corazón que un día se alejó contigo, llevándose consigo todo lo que antes hacía correr esa sangre espesa por mis venas, llevándose una vida insana que nunca llegaré a vivir… apagando las luces de el extrarradio con un leve soplido desde aquella azotea que nos vio volar….
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