28 de marzo de 2009

Resignación...



Resignándome a saber que no volverás, a comprender el porqué de esta situación, el porqué me siento tan mal, cuando se supone que tomamos el camino correcto…

Abriendo los brazos, soñando que los tuyos acuden a este encuentro, suspirando con un aire nostálgico que me transporta a la absurda realidad en la que me encuentro…

Sintiendo el breve recorrido de mis lágrimas por las mejillas, observando como acarician mi rostro queriendo arroparme, queriendo hacerme sentir algo mejor…

Escuchando el rumor del viento meciendo las hojas de estos árboles que descansan en unas grandes montañas repletas de vidas insignificantes, tan insignificantes como la mía…

Culpando al destino de mi suerte, ahogando mi tristeza en cigarros que hacen sonreír, que te evaden de la realidad…

Viendo como la noche cae dulcemente entre las nubes y el horizonte, perdiendo por un instante la visión de ese tibio sol que dejó de alumbrarme…

Deseando escapar, romper con toda esta amargura que está acabando conmigo… callando ante todos, sonriendo, aparentando ser feliz…

Alguien me dijo hace poco tiempo que en ocasiones resulta más sencillo hablar con una persona ajena a ti que con alguien cercano, quizás por eso rompí a llorar en su despacho, destapando la caja de los truenos de una vez por todas, haciéndole ver que detrás de una mala alumna, se esconde una chica miedosa, triste… Tiene gracia, pues hace tan solo unos días ni hubiese pensado en que una profesora me podría ayudar tanto, pero ella siempre fue especial, haciéndome comprender el porqué de muchas cosas… por un momento dejamos de ser profesora y alumna, y pasamos a ser dos conocidas que hablan de sus cosas, sin miedos.

A su lado me sentí protegida por un momento, rompí a llorar como una niña indefensa, sin poder parar, incluso esbocé alguna sonrisa al verme allí, en esa situación que surgió en un instante inesperado…

Sigo sintiendo la tristeza, estoy en una época difícil, todo ha pasado demasiado deprisa, y fingir que no me importaba fue peor que expulsarlo todo en su debido momento… Ahora me ahogo, sufriendo en silencio, llorando a oscuras para que no me vea nadie… malgastando mi tiempo en pensamientos que me acortan la vida lentamente…

Me miro al espejo, parece que envejezco por momentos, con tan solo dieciocho años la vida me pesa como si apenas me quedase un suspiro de vida…

Siempre fui diferente, quizás rara, siniestra… mi madre dice que si algo tengo bueno es que tengo un corazón inmenso, que soy buena persona, trato de creerme sus palabras, pero me resulta demasiado difícil que sea buena si estoy sola, completamente sola…

Ardo en deseos de matar, de romper, de destrozarme a mí misma, es tan grande el desprecio que siento hacia mi persona que en ocasiones me asusta…

Anoche lloré hecha un ovillo en el sofá, cuando todos dormían ajenos a mi dolor… no logré dormir, ni quitarte de mi cabeza…

Esta mañana también escaparon unas cuantas lágrimas de mis pupilas para recorrer mi rostro y ensombrecerlo… será la primavera, que me entristece, o quizás el cúmulo de sentimientos forjados y que no te dije porque no me gusta hablar de mí… me gusta escuchar, no ser escuchada… quizás nunca me conozcas, o quizás tampoco quieras conocerme, no serías la única persona que se marcha de mi vida…

Odio fingir que estoy bien, pero sobre todo, odio que nadie se de cuenta de que mi bienestar no es más que una ficción…

La absurda vida que estoy viviendo, donde cada decisión tomada es más errónea que la anterior…

¿Qué he hecho? No logro comprender en qué he fallado… pero seguro que algo hice mal, en algo erré, quizás, nacer fue el mayor error de mi vida, creo que sí, que ahí erradica el problema…

Problema que soy yo, que siempre fui yo… mirando hacia atrás recuerdo cada pelea, cada huída de casa, cada regreso sollozando… cada lágrima derramada a escondidas en una vieja azotea, fría y tenebrosa, testigo de cada una de mis derrotas…

Si algún día tuviese la valentía de terminar con mi vida, lo haré desde allí, para que la misma que vio un día mis tristezas, mis batallas perdidas, mis contadas alegrías, sea también la principal guardiana de mi cuerpo sin vida, la mirada atónita de aquel que no puede evitar la muerte…

“Vértigo, que el mundo pare” dice una canción, eso necesito, que se pare el mundo, que deje de girar por un instante y deje de prolongar esta agonía…

Ojala pudiese cambiarlo todo, borrar de un plumazo mi vida, mis actos, mis errores…

¿Sabes? Dejé de sentir ese nudo en la garganta, ya no me importa perderte...
Publicar un comentario