28 de abril de 2012

Al final del camino

Un fin de semana como otro cualquiera. Manta, sofá y una película con la que llorar una hora y media. Llueve ahí afuera. Hace frío y eso me gusta. Me encanta el olor de la tierra humedecida. El sonido de la lluvia golpeando el ventanal me sosiega. Paseamos de la mano. Acompasando nuestros pasos al son de Ismael Serrano. Sonreímos sin motivo. Como dos adolescentes que se quieren sin motivos. Sin barreras. En libertad. Cruce frontal en conversaciones paralelas, carreteras sin destino, conduciendo sin frenos, al límite. De pronto el más absoluto silencio, todo se paraliza y los relojes se detienen. Me distorsiona la realidad esta felicidad transitoria. Parece querer hacerme sentir una bipolaridad constante y las sensaciones se mezclan unas con otras. Frío y calor, alegría y tristeza. Sueño e insomnio. Soledad en compañía. Trato de poner los pies en el suelo. De frenar en seco. De resurgir de esta fantasía momentánea. Abro los ojos con fuerza y ahí estás. Esa imagen de ti tan personal, tan tuya. Es curioso todo lo que me haces sentir sólo con estar ahí. Frente a mi. Después de tanto tiempo no cambia esto. sigues produciéndome ese nerviosismo en el estómago que hace que sólo quiera estar así, a tu lado. Nada más. Sólo sentarme cerca de ti y compartir tu aire. Una mirada. Una sonrisa. Un instante. Sólo eso necesito. Un instante de ti.
Publicar un comentario