20 de septiembre de 2012

Perder

Perder el equilibrio y caer... ver cómo la vida pasa, pesa y el tiempo se agolpa a tu puerta, observando que estás ahí, quieta, en suspensión, como polvo en el aire. Acariciar el abismo, mirarle a los ojos sin pudor, sin ruborizarte siquiera, temblar de frío en una noche calurosa, ser la antítesis de todo cuanto quisiste ser. Perderte, un mar de dudas te ahoga el alma, te hiela el corazón, te humedece la mirada parpadeante que susurra a gritos desesperados un cambio. La vida, ¿qué es en realidad?, ¿alegrías? ¿tristezas? Posiblemente un cúmulo de situaciones encontradas, sí, quizás sea eso, una constante de subidas, bajadas... y saber que todo es pasajero, que nada se eterniza, que el juego es así, todo va, viene, va, viene, como el oleaje del mar en una tarde fría, pero nos deja su salitre en nuestros días, nos marca. Todo marca nuestro rumbo, ya sea bueno o malo, y el tiempo jamás se detiene, nos acompaña y nos guía a veces, otras se pone en nuestra contra y lo maldecimos. Perderse... encontrarse a una misma sentada mirando el pasar veloz de los trenes en una estación sin nombre... Ansiedad que se calma con pastillas. Perder...
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