29 de noviembre de 2013

Gente

No me gusta la gente normal. Me interesa más aquella gente que destaca, que se subleva, que no se conforma. Esas personas que tienen inquietudes y persiguen sueños aunque parezcan imposibles. Seres irracionales a veces, caóticos, que desafían lo estipulado por esta sociedad podrida de tanta mentira. Nómadas de su propia vida, caminantes atrevidos que conviven noche a noche con el rugir del viento sin importarles lo fuerte que sople. Inseguros tal vez de lo que acontece, pero con la certeza de no querer vivir bajo el yugo de cuanto nos rodea. Se aferran a ellos mismos. Esas personas que todo el mundo tildará quizás de estar locas, esas que, aunque no lo crean, son las más cuerdas. Personas con relámpagos en la mirada, con los ojos abiertos a un mundo diferente. Gente que brota de las faldas de su madre para rebuscar entre las calles un hueco en esta sociedad. Personas cuya personalidad te arrastra, te absorbe, te inunda, te invita a conocerla. Ese tipo de gente es la que quiero en mi vida. Gente auténtica, que tenga miedo y no le importe gritarlo a los cuatro vientos. Que le planta cara a los problemas mirándolos frente a frente. Mortales que no quieren morir, pero no temen la muerte. Viven quebrantando ese temor que a otros atrapa e impide continuar. Seres que, pese a todo, viven.
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