29 de diciembre de 2013

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Las calles de Londres tiemblan cuando el metro viaja bajo nuestros pies. Dejo que el aire entre suavemente por mis pulmones. Trato de sentirme algo más viva. Ya ves, hoy me siento cansada. Quizás sea este frío que impregna todo mi cuerpo. Cierro un instante los ojos para poder mirarte. Observo cada detalle de la ciudad. Te busco en cada rostro. Te busco en cada rincón. En cada resquicio de mí. Enciendo un cigarro mientras miro el río. Desde este puente mi reflejo no se aprecia con claridad. Sonrío amargamente al recordarte. Sólo puedo pensar en ti. Mis pasos resuenan entre el gentío. Aparentes imágenes de personas felices me rodean. El cansancio me domina. Mi cuerpo parece levitar. El murmullo me aturde. Me molesta. Me cansa. Todo me supera. Rebusco entre notas mentales de antaño. Tú. Siempre estás tú. Te echo de menos tanto que duele. El viento acaricia mi rostro enrojecido. Semblante serio. Mirada al frente. Serenidad. Calma. Todo gira mientras yo me freno para observarte. La ciudad se inunda de luces y sombras, y yo pensando en ti. Acrecentando mi ira suena música que me sumerje en un mundo diferente. Todo está pintado de otro color. Nuevos paisajes. Tú. Yo. Nosotras. Curioso pronombre. Ilusa albergo esperanzas infundadas que no tienen cabida en tu realidad. Y yo... yo aquí, a cientos de kilómetros de ti, pensándote. Sabiendo que no me cansaré de esperar, porque no puedo cansarme de mirarte.
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