13 de diciembre de 2013

Hoy

Me despierto temprano. Demasiado para lo que suele ser habitual. Todavía no ha amanecido. Observo por la ventana y la calle está desierta. Los árboles se mecen al son del viento. Fuera debe hacer frío. Por un momento me alegro de estar aquí adentro, tras el cristal. Me siento en la cama, tapada hasta la barbilla y cierro los ojos. Tu imagen sigue tan nítida como siempre. Tu fotografía entre mis dedos. Repaso tu rostro. Me gustaría tanto abrazarte hoy. Resguardarme de esta brisa que hace en la habitación. El rocío de la mañana empapa la ventana. Dibujo un corazón. Una sonrisa. La que tú siempre me regalas, la que pusiste en mí. Me levanto y me dirijo a la ducha. Necesito revivir. Aún estoy algo aturdida. Anoche me costó demasiado conciliar el sueño. Abro el grifo. Dejo correr el agua un rato y después impregno todo mi cuerpo. Me transporto. Viajo. Al poco tiempo regreso. Qué malo es regresar. Cuesta tanto a veces. En la calle piso las hojas caídas. Siento como mis pies buscan algo de sentido. Como voy poco a poco trazando líneas rectas. Me consumo entre sonidos y melodías semiarmónicas. El rugir de los coches me rescata de mi letargo. Me pongo a correr sin rumbo, calle a calle. Sin timón. Sin destino. Me gustaría ir a buscarte. Chocarme contigo en una esquina cualquiera. Tropezar contigo y que fueses de nuevo la mejor de las casualidades. No despertar sabiendo que sólo estás en mis sueños. Tú. Imperfectamente perfecta. Releo todo lo que me gusta de ti. Escribo de nuevo cuántas cosas más me gustan de ti. Hoy es un día especial, hoy es el día. Tu día. Y salir a la calle y escuchar tu voz es lo más bonito que me podía pasar este día. Por eso ya tengo la sonrisa puesta. Por eso soy feliz. Porque tú existes. Gracias. Y feliz cumpleaños.
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