31 de enero de 2014

Ayer, hoy, mañana

Quizás la memoria a veces nos juegue malas pasadas. Algo que no termino de comprender del todo es por qué siempre tuve tanta capacidad de almacenamiento en mi mente. Agolpar tantas vivencias, tantos recuerdos de esos que arañan el corazón y lo van destrozando lentamente. Arrugado como hojas de papel que se tiran a la basura como deshechos de algo que no era lo que esperabas que fuese. Esta mañana sonó el despertador y no conseguía levantarme. Recordé por un instante todo lo que había soñado esta noche y algo me incitaba a quedarme ahí, postrada. Entonces supe que tenía que seguir, otro día más, otro menos. La ducha me aguardaba como el que ansía la libertad de antaño. El agua tibia me recubría como queriendo abrazarme mientras mi cuerpo inerte trataba de reaccionar al cambio brusco de temperatura. No me reconozco ante el espejo. Ese rostro desdibujado hace demasiado tiempo que no sé quién es. Supongo que nunca supe muy bien quién quise que fuera. La calle huele a estrés y a prisa mientras mis pies cansados transitan perdidos. Así sucede todo. Mi memoria me grita en silencio ese ósculo que fue el último, que sabía a despedida porque lo fue. Y no imagino nada más cruel que saber que no volveré a sentir el cosquilleo que me provocó tenerte tan cerca aún estando tan lejos. Y mientras viajo en el metro sigo acordándome de ti. Como ayer, como mañana.
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