22 de enero de 2014

Invierno

Mi corazón bombea, primero despacio, después va aumentando la velocidad. Una puerta se cierra en el pasillo. Su eco resuena en mis tímpanos. Me sumerjo entre el edredón. Mis ojos se cierran con fuerza. Reflejos borrosos aparecen y desaparecen. Mi mente es una constante de cosas que jamás me atreveré a decirte. Caos. Amanece con un cielo rosado y azul. Hacía tiempo que no recordaba un paisaje tan bello desde este lugar. El agua enrojece mis pies y templa mi cuerpo. Necesito redimirme de este odio que siento hacia mí misma. Sorbo a sorbo voy tragándome mis propios actos. Lleno de humo mis pulmones como cada día. Mecánicamente. Me siento a esperarte, pero no llegas. Te observo entre mis recuerdos más tempranos. Te busco entre la gente, en cada esquina. Te imagino con el aroma de este café caliente. Las nubes se agolpan y tiñen de gris ese cielo que hace sólo unas horas me hizo sonreír. Pequeñas gotas de lluvia humedecen el suelo que me rodea. Este frío invierno pesa más desde que tú no estás. Reviso tus fotografías buscando una razón para alegrarme. El miedo está frenando mis pasos. No deja de acechar cada uno de mis movimientos. ¿Fracaso? Las dudas me aturden. Debo ser fuerte. No dejarme vencer. Respiro hondo y camino. Te veo. Aunque sólo seas mi imaginación es lo que necesitaba para fortalecerme. No voy a rendirme.
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