22 de febrero de 2014

Lo sencillo del arte

Sus manos se balancean y se deslizan entre las cuerdas. Sus piernas se mueven al compás. Su chaqueta roja ilumina la sala. Su cara es el vivo reflejo de la música. Del sentimiento que emana de la guitarra que porta entre sus brazos. Poesía. Arte en estado puro. Todo plasmado en un cuadro en blanco y negro con sólo un toque de color. La chaqueta. Su expresividad se contagia. Incita a sentarse a escuchar su melodía. Desde este sofá no puedo dejar de observarle mientras pienso en ti. En lo que nos gusta esta obra de arte. En tu idea de robarlo y cambiarlo por otro. En todos los besos de los que ha sido testigo. En el búho que, recostado cerca de nosotras, nos susurraba que el tiempo se agotaba y la hora de partir iba acercándose. En el perfecto hueco que ahora te añora entre mi pecho y mi brazo. En lo bien que huele tu pelo. En la suavidad de tu piel. Porque esta tarde tan soleada el camarero me ha mirado extrañado al no verte conmigo. Será que él también te echa de menos. Porque mi café corto en vaso con leche muy caliente echa en falta tu descafeinado con leche de máquina. Porque el humo de mi Brookling anhela al de tu Marlboro Gold. Serán esos pequeños detalles los que consiguen que todo esto merezca realmente la pena. Porque te sientan tan bien los gorros. Porque siempre vistes una sonrisa. Porque cierras los ojos cuando te acaricio la cara. Porque si te miro a los ojos puedo imaginar un viaje donde solo somos dos y el ruido no molesta. Porque es tan sencillo quererte que a veces me da rabia que no te valores como mereces. Porque cada día que pasa disfruto más de tu compañía. Porque puedo compartirlo todo contigo sin miedo. Porque charlar sobre cualquier cosa es tan fácil a tu lado que nunca quiero marcharme. Porque le quitaría la pila a todos los relojes para detener el tiempo y no puedo hacerlo. Por todo lo que estás consiguiendo, mirando este cuadro, es inevitable que no consiga dejar de pensar en ti.
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