31 de mayo de 2014

Hoy

Las personas tendemos a evolucionar. O al menos algunas. Soy de las que piensa que todos merecemos una segunda oportunidad. O una tercera. O incluso una cuarta. Por qué no. Creo en la bondad del ser humano. Creo en esa pequeña faceta interior que nos lleva a todos a querer ser mejores día a día. A querer conseguir lo que nos hace felices. A luchar por aquello que siempre anhelamos. No sé. Resulta curioso. Observar cómo los animales protegen a sus crías hasta que crecen y después las dejan ir para que vayan aprendiendo a manejarse solas ante el bullicio. Y ellas, en la soledad del gentío, van sorteando cada golpe y sobreviviendo lo mejor que pueden. A base de mordiscos, de arañazos y de algún que otro lengüetazo. Los animales, algunos dicen que son irracionales, y eso es precisamente lo que les diferencia de nosotros. Pero ambos tenemos ese instinto de supervivencia. Ambos luchamos codo a codo por mantenernos a flote en este caos que es el mundo. Ambos convivimos juntos y compartimos añoranzas y miedos. La nostalgia surge siempre en el momento más inoportuno, ¿verdad? es de ese tipo de emociones que logran transportarnos a aquellos lugares donde no querríamos estar, o sí, pero no ahora. Consigue hacerte llorar cuando quieres reír y que todas las canciones hablen de las cosas que no tienes a tu alcance. O que tal vez sí tienes, pero no valoras. Soy de esa forma de pensar de que no necesito perder algo para valorarlo. Me gusta decir te quiero al menos una vez al día, porque así sé que a la otra persona no se le olvidará nunca que es así. Prefiero no dejarlo para mañana. Porque la quiero hoy, y mañana también, sí, pero y ¿hoy? ¿Por qué se nos olvida siempre? Tendemos a dar por supuesto las cosas, y la vida es demasiado efímera. Tarde o temprano se esfuma, y ese instante no sabes cuando llegará. Es mejor aprovechar cada segundo. Decir a cada persona lo mucho que significa en tu vida ahora y no dar por hecho que lo sabe simplemente porque reísteis ayer o porque os veréis mañana. Hace algún tiempo que supe que la gente no siempre vuelve, y no siempre tienes todo el tiempo que te gustaría para decirle todo lo que deseas. Todo lo que te ha enseñado o todo lo que en su día no te gustó de sus actos. Es por esto que lo más sensato es bailar al son de la música que está sonando ahora en lugar de intuir las melodías del porvenir. Saborear los placeres que nos presentan los días y exprimir cada microsegundo. Vive hoy. Mañana todavía no ha llegado.
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