22 de mayo de 2014

La profundidad de las miradas

Sus labios estaban secos. Sus mejillas humedecidas y sus ojos empapados. Todavía conservaba en su retina aquella instantánea. La última quizás. O tal vez no. El tiempo lo diría. Lo mejor a veces es dejar que el aire oxigene y ventile los espacios comunes. Las cafeterías en las que siempre huele a café con leche descafeinado de máquina. El patio donde el humo a Marlboro Gold 100 sigue flotando. Las calles donde aún resuenan sus pasos y siguen sus ojos clavados en las aceras. No ha dejado de llegar el aroma de su perfume cada lunes por la tarde. Ni el eco de su risa. Ni sus frases hechas. Ni el vaivén de su pelo. Ni sus manos finas. Ni sus orejas perfectas y suaves. Ni su pelo suelto y rizado. O liso. O despeinado. Qué más da. Sigue siendo precioso. Siguió lamiendo sus labios y aún sabían a la miel de ella. Un escalofrío la recorrió. Y las lágrimas afloraron. Supo entonces que sería difícil. Su ropa aún olía a ella. Y sus huellas dactilares formaban un mapa en su cuerpo. Y las canciones recordaban todos los momentos compartidos. Y cada palabra llevaba una letra de su nombre. Y cada rincón había sido suyo. De las dos. Y en cada gesto la buscaba y sabía que no la iba a encontrar. Y se desesperaba de tanto esperarla sin esperarla. Y quería correr, salir a la calle y lanzarse hacia ella de nuevo. Pero no estaba ya. Se había ido. Y las farolas de la calle ya no daban tanta luz. Y los coches seguían su camino. Y todo seguía, como cada elemento, en su lugar. Una allí, otra aquí. Todo en un sinsentido. Queriéndose diciéndoselo y sin decir nada. Porque a veces, la profundidad de las miradas es capaz de escuchar. Es capaz de hablar. De sentir. De captar. Y entre ellas había algo más que miradas. Algo más que un simple juego de niños. Era un roce de meñiques y sus pieles se erizaban. Era sonreír y todo se detenía. La química instantánea importaba más. Por eso a veces, sólo a veces, da igual qué circunstancias sucedan alrededor, vale más reconocerse en los ojos del otro. La profundidad de las miradas.
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