30 de mayo de 2014

Lluvia, y algo más

Llueve. Mientras voy caminando las gotas se sumergen entre esos huecos que quedan vacíos entre mis cabellos. Se cuelan hasta lo más profundo y encharcan mi cerebro. Evitan que me concentre en cada palmo de ese mapa de tu cuerpo. Corro rápido para impedir que turben más ese sueño consciente. La gente me impide el paso entre paraguas y prisa. Los coches destellan con sus luces encendidas y las aceras resuenan entre chapoteos de niños que se mojan los pies en cada charco. Las odiseas de los días de lluvia. El tumulto. El ruido. El olor a tierra mojada. Transportarme a mi hogar. A aquella casa de campo donde tantas veces corría detrás de las bicicletas. Donde jugaba a fútbol o a tenis. Donde me bañaba vigilada por la luna en noches estrelladas. Donde la inocencia convivía conmigo cada viernes por la tarde, cada lunes por la mañana. Donde el agua sabía dulce y la viña cubría toda nuestra vista. Donde la eternidad nos esperaba. Donde espero volver algún día. La lumbre de un cigarro templa mi cuerpo tiritante mientras voy visionando el trabajo bien hecho. Los logros que voy consiguiendo porque me lo estoy ganando. Es la primera vez que puedo quedarme un rato mirándome a mí misma sin sentir rabia, ni asco, ni sentimientos contradictorios. Hoy siento satisfacción. Porque lo estoy haciendo. Estoy encauzando mi vida. Con ayuda, sí. Pero también con mi sudor, mis lágrimas y mi sensatez. Y porque tengo el coraje para enfrentarme a lo que se me ponga por delante. Y es la primera vez que me escribo algo a mí misma. Pero me siento orgullosa de ti, Verónica. Porque estás siendo fuerte, y valiente. Estás luchando contra ti diariamente. Contra esa cabecita loca que tantas veces te viene a confundir. Contra tus dilemas. Contra tus fobias y tus filias. Contra ese pequeño fracaso que ocultas ante sonrisas que muestras a todo el que se presente ante ti. Estás sabiendo capear el dolor. Estás sabiendo asustar al miedo de cuando en cuando. Estás sabiendo secarte las lágrimas cuando toca y llorarlas cuando es preciso. Estás teniendo el valor de decir que temes algo. Estás aprendiendo a valorar lo que antes no querías ver. Estás descubriendo que, debajo de ti, estás tú. Y por eso estoy orgullosa de ti.
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