13 de mayo de 2014

Pérdidas

Muchas veces el perder algo que significaba para ti más de lo que siquiera sabías te hace darte cuenta de muchas cosas. Tiene gracia. El ser humano es así de complejo y simple al mismo tiempo. Nos arrebatan algo que es nuestro y entonces su valor se multiplica por mil. Como cuando a un niño le quitas un juguete. No le estaba haciendo caso, pero en el momento en que se lo coges, él lo desea también. Paradójico, ¿verdad? Tal vez deberíamos aprender alguna lección de todo esto. Que las cosas valen siempre, no solamente cuando las pierdes o alguien viene y te las quita. Aunque en mi caso no se trata de mis cosas, más bien se trata de una, porque no era mía, era suya. Era nuestra. Ese pequeño nexo que nos mantenía cósmicamente entrelazados. Por eso siempre estabas ahí, a mi lado. Protegiendo mis pasos. Donde podía casi sentir que me susurrabas que todo iba a salir bien. Donde me aconsejabas y me dabas pistas en tantos proyectos que tengo por hacer en esto de la comunicación. Qué gran medio, ¿verdad, tío? Vaya, siempre tuviste tanto amor por esto que me lo tuviste que transmitir a mi. No podía ser de otra manera. Ahí estabas, cerquita, me abrazaba a mi bolso algunas veces y sentía que eras tú. Y creo que realmente lo eras, porque a veces, sólo a veces, era recíproco el abrazo. No era solo un objeto más que adjuntar en una lista, no. Era el reflejo de tu mirada. Era el objetivo a través del que inmortalizabas cada detalle de tu ciudad, de las estaciones de trenes que tanto te apasionaba retratar. Las vías, ese lugar al que voy a guarecerme cuando necesito pensar, ¿verdad, tío? Qué grandes cosas pudiste enseñarme, y qué poco tiempo tuvimos para aprender juntos de todo esto. ¿Sabes? Me encantaría compartir contigo todo esto. Contarte que soy feliz, que estoy trabajando en lo que, desde pequeña, me decías que era lo más bonito que podía pasarte. ¿Sabes? Yo también escribo, como tú, sólo que tú no tuviste tiempo, porque un azote veloz te arrebató de nuestro lado sin tenernos en cuenta. Pero yo sí lo tengo, y pienso aprovecharlo, tío. Y cumpliré mi sueño, y el tuyo. El nuestro. Porque no he perdido, porque he ganado, te he ganado. Y llevo tu corazón conmigo, tío. Lo llevo aquí, en mi corazón. Ahí no me lo quitan.
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