27 de julio de 2014

Quid pro quo

Me gusta este espacio. No es un diario, porque no suelo escribir a diario, puede considerarse un cajón desastre donde lanzo ideas que surgen de manera espontánea. Supongo que siempre viene bien encontrar un lugar en el que poder hablar contigo misma, reencontrarte con recuerdos ya pasados o reinventar historias que te gustaría volver a vivir. Tiene gracia como una conversación puede remover tu pensamiento, puede conseguir que lo que a priori era una noche tranquila se convierta en un sinfín de vueltas sin conciliar el sueño. Te levantas de la cama y piensas que tu vida puede ser algo francamente importante si te esfuerzas un poco más. Sólo un poco más. El aroma del café recién hecho revive mis sentidos. Me activa. Me impulsa a conocerme, a saber hasta dónde puedo llegar. Porque sé que soy lo suficientemente capaz de hacer algo bueno si me lo propongo. Es cuestión de intentarlo, de no cesar en mi empeño. Y no voy a bajar las manos ahora. Posiblemente haya llegado el momento de dejar a un lado ese sentido del romanticismo que está tan trasnochado y pasar a ser más racional. No siempre lo que quieres es lo que te conviene. No siempre te enamoras de la persona correcta. Y no pasa nada. El mundo no va a dejar de girar por eso. Todo se construye, hasta el amor. Y si no te esfuerzas día a día por mantener vivo algo que sientes, poco a poco se va perdiendo. No negaré que siento una inmensa tristeza al saber que posiblemente deba seguir caminando sin mirar atrás, sea lo que sea lo que deje en el camino, aunque estés tú y tu sonrisa siga apareciendo en cada uno de mis sueños, pero el tiempo no volverá. Tal vez tú sí, o tal vez no. Demasiadas dudas sobre mi, demasiada desconfianza, ¿no? Siempre fui sincera, en cambio desgasta el hecho de tener que explicar una y otra vez una historia que demuestro a cada paso. Dime, ¿acaso no sabes que te quiero? Te ofrezco mi corazón en una bandeja y sigues pensando que bromeo. Mis lágrimas queman mi rostro y tus dudas continúan ahí. ¿Qué he de hacer? El amor duele, sí, yo te ofrezco mi vida, mi calendario, mis miedos, mis éxitos y mis fracasos, mis amaneceres y mis atardeceres, te ofrezco sorpresas una vez por semana y algún que otro detalle de esos que te gustan. Te ofrezco risas, caricias a deshora, aventuras y retos. Te ofrezco amistad, charlas hasta la madrugada, cigarros a medias sentadas a la sombra, te ofrezco todo lo que tengo, y lo que no, lo iré construyendo. ¿Y tú?
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