8 de julio de 2014

Te estoy hablando a ti

En algunas ocasiones sentimos demasiado odio contra nosotros mismos. Nos miramos en el espejo y despreciamos ese reflejo absurdo que se dibuja enfrente. Lo observamos con recelo, como si de un enemigo se tratase. Ocultamos nuestra rabia bajo un sinfín de gritos sordos que perecen en forma de lágrimas. Callamos cuanto queremos decir. Nos tragamos nuestra bilis y sollozamos como un cervatillo abandonado en mitad de un bosque. Nos perdemos en mitad de una carretera desierta. Sin saber muy bien qué destino escoger. Izquierda o derecha. Adelante o atrás. Difícil decisión cuando tus dagas te quiebran por dentro. Cuando tus uñas van hundiéndose entre la piel y sangras de tanta presión acumulada. Y llega un instante en el que no puedes más. En que te sientas en el primer parque que encuentras y expulsas en forma de frases hechas todo cuanto abarca una hoja de papel. En que ni el sol consigue cegarte porque ya te has hecho el daño suficiente tú misma. Y entonces lo comprendes todo. No hay mayor dolor que el que produce la indiferencia hacia uno mismo. El ignorarse durante tanto tiempo. El dejarse solo. El ausentarse de sus propias necesidades para auxiliar a todo el que precisase ayuda. ¿Y qué hay de ti? ¿Dónde diablos quedas tú? Demasiadas puñaladas para un corazón tan maltrecho. Demasiadas quejas y demasiados lamentos. Tanto maldecir al mundo y tú eres quien más te maltrata. Valiente infeliz, cómo pretendes levantarte si no lo intentas. Cómo quieres encontrar un hueco en algún lugar si no lo buscas. Déjate de excusas y sal. Sal de esa encrucijada de seres y estares. De esa madeja de pronombres personales que nunca llegarán a ser acompañados por el verbo amar si no es a ti misma. Sal del caos mental que fraguas cada vez que la buscas sin encontrarla. Sal de romanticismos baratos y plumas fáciles. Te has abandonado a ti. ¿Dónde está tu amor? Mírate por un segundo. Cierra los ojos y analiza la persona que siempre soñaste que serías. Venga, hazlo. ¿Realmente eres lo que te gustaría? ¿Crees que mereces todo el daño que te estás haciendo? Vivir así, machacándote como si fueras todo aquello por lo que te enfadabas y llorabas antaño. ¿Recuerdas? Huiste de allí porque no aceptabas que te tildaran de algo que no eras y eres tú quien te destruyes y te catalogas con esa definición. Hablas de justicia y no te he visto ni un instante serlo contigo. Ponte de acuerdo contigo misma de una vez por todas. Sé coherente y reflexiona. Vales la pena. Qué coño. Valgo la pena.
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