20 de abril de 2015

Noche de estrellas

Los perros juegan. Suben al sofá y bajan corriendo, uno detrás de otro. Leo me mira y sonrío. Una sonrisa sincera, la primera del día. Gritos y golpes me dan la bienvenida a este hogar que no es mío, no sé si pertenece a alguien ya. Y me acuerdo de ti, tío, de tus charlas, las nuestras, de las risas infantiles cuando me hacías fotos sin parar. Y pienso en las ganas que tengo de volver a verte, a ti, al abuelo, a la abuela. A veces me pregunto qué habría pasado si en esa UCI mi vago corazón se hubiera detenido. Tal vez ya no doliese el aire, la brisa, las palabras, las dudas, los besos robados, los alambres de espino que me cubren, los cortes, los ruidos, la autodestrucción. Me pregunto si todo terminaría en ese instante para mí. Supongo que soy una egoísta al pensar que mi vida no vale nada, que todo sería mejor si no estuviera, si mi tiempo terminase ya. Veo a mis padres, les veo tristes y sufriendo, les veo reprimir las lágrimas, finjir tantas sonrisas como yo. Y luego me miro y siento que no escuchan nada, que no entienden una palabra de lo que les digo, que les duelo, que me duelen. Y corroboro que siento que estorbo, que no hago falta, que soy totalmente reemplazable por cualquier autómata que pase por la calle. Las cosas cambiarán, todo irá bien, tú vales mucho. Típicas frases que todos hemos dicho alguna vez para animar a un amigo y que no nos creemos ni de broma. En el fondo no hacemos ni puto caso de los consejos, a veces ni nos detenemos a escucharlos, oimos mientras creen que los estamos entendiendo. Pero después suena el despertador, te levantas y el sol te ciega, al rascarte los ojos tratas de quitar la neblina que ahora ves. Vas a la cocina y preparas la cafetera, cafeína para olvidar, para activarnos, para salir y afrontar el día. Y otra vez la misma gente, las mismas voces hablando sin decir nada, los mismos coches, la misma vida, tan deprimente como el día anterior. Y te pones la máscara que pinta una sonrisa, y finjes que nada te puede dañar, que estás feliz como nunca antes, que todo saldrá bien porque vales mucho. Lo que muchos no saben, es que detrás de esa sonrisa, yo ya estoy muerta.
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